MENSAJES Y REFLEXIONES

El incentivo santo

 

Cuando se abrió la sesión de fraternidad en la casa de Pedro, Tadeo, irritado, se quejó de sus debilidades y le dijo al Maestro:

- ¿Cómo enseñaré la verdad si aún me inclino a la mentira? ¿Con qué autoridad transmitiré el bien si todavía llevo el mal arraigado? ¿Cómo exaltaré la espiritualidad divina si la animalidad aún me predomina la naturaleza?

Se notaba por el tono de amargura en sus palabras que no lo comentaba con desesperación o desánimo, sino por la gran pasión que sentía por el bien que le llenaba la intimidad.

Jesús le comprendió el dolor y le dijo bondadoso:

- Un santo aprendiz de la Ley, de esos que se dedican fielmente a la Verdad y que había sido llamado por el Señor a la tarea de profetizar entre los hombres, tenía la profesión de comerciante de remedios. Transportaba hierbas y jarabes curativos de la ciudad al campo con la ayuda de un voluntarioso e inconstante burro.

Cuando el hombre reflexionó sobre sus defectos se puso profundamente triste, concluyó que no era digno de colaborar en las revelaciones del Cielo por su impureza íntima y se volvió mudo. Atendía a los deberes de proteger a los enfermos pero se recusaba a instruir a las criaturas sobre la Palabra Divina, a pesar de los pedidos del pueblo que ya le conocía los dones de inteligencia e inspiración.

Sin embargo, sentía que la Voluntad Celestial lo impulsaba a realizar la tarea y notó que sus conflictos mentales empeoraban, así que cierta noche, después de derramar abundantes lágrimas, le suplicó esclarecimiento al Todopoderoso.

Soñó que un ángel lo visitaba en sus actividades comerciales, se vio en hermoso sendero cabalgando a su voluntarioso burro y sometido al peso de preciosa carga. El emisario divino lo saludó y le preguntó con dulzura:

- ¿Cuántas veces pateaste hoy a este animal?

- Muchísimas veces – le contestó seguro.

- ¿Cuántas veces habrá mordido a sus compañeros de establo? – Continuó sonriente el enviado - ¿cuántas veces habrá insultado la limpieza de tu casa y rebuznado inoportunamente?

Notando que el discípulo confundido no se lo podía contestar, el ángel le dijo:

- Sin embargo, es un precioso auxiliar y debe ser conservado. Transportas medicaciones que salvan a muchos enfermos. Repartes esperanza, salud y alegría.

- Si este burro se recusara a ayudarte por ser rudo e imperfecto ¿qué harían los enfermos que te esperan confiados? Regresa a la misión iluminada que abandonaste y si todavía no puedes servir a Nuestro Padre Supremo como hombre puro, atiende a tus deberes en la condición de valioso y útil animal; disemina amparo y aliento. Serás más encontrado por los mensajeros de Dios en las bendiciones del trabajo. Ellos te reconocerán la buena voluntad en la práctica del amor, te compadecerán y van a ampararte la naturaleza, perfeccionándola, tal como domesticas y valoras a tu rudo, pero valioso auxiliar.

En este momento el predicador se halló nuevamente en el cuerpo despierto y feliz por la respuesta de lo Alto que le reajustaría la conducta equivocada.

En silencio, el discípulo le agradeció al Maestro con la mirada y Jesús concluyó después de notar las expresiones de consuelo en los semblantes de todos:

- El trabajo en el bien es santo incentivo a la perfección. Por él el alma de un criminal puede elevarse al Cielo, como el lirio que desabrocha hacia la Luz con las raíces aún presas al charco.

El Maestro contempló las estrellas que brillaban en la noche mientras Tadeo, conmovido, se le acercó lentamente para besarle la mano con respetuosa ternura.

 

 

Fuente:

Libro "Jesús en el Hogar", dictado por el Espíritu Neio Lúcio, psicografiado por Chico Xavier

 

 

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