Mensajes y Reflexiones

El Amor

Estoy presente a partir de las más profundas entrañas de la Tierra a las altas montañas que desafían el horizonte. Participo de la intimidad de las sustancias más corrosivas así como de las heridas más pútridas. Soy elemento constitutivo de los perfumes y de los aromas más sofisticados. Mis emanaciones se mezclan a las aguas de los ríos y de los mares, de los lagos y de los arroyos. Vengo de las nacientes más puras y alcanzo los afluentes con la misma limpidez del inicio. Transformo pantanos y charcos haciéndolos graneros de vida abundante. Me encuentro en la lágrima del llanto proveniente del sufrimiento o del éxtasis. Participo de los banquetes de placer y voluptuosidad de los comensales que me celebran en agradecimiento a la vida. Lleno cada sentimiento humano, adicionándole el sentido de la Vida. Uno, materia a materia, espíritu a espíritu, en la comunión de las formas y en la identidad de las almas.

 

Lleno el dolor de significado y le doy a la vida su principal sentido. En la enfermedad, en la tristeza, en la esperanza y en la ventura, coloco toda la fuerza y toda la energía creativa del Universo. En cada acto, en cada pensamiento o sentimiento, soy el propósito que se realiza. Soy la piedra del arrecife y la luz del faro que va al encuentro del barco que conmigo surca los mares. Soy la fuente de la vida y la fuerza creadora y mantenedora de todo lo que existe. En la conciencia y en el inconsciente, me diluyo en cada una de las experiencias, conectándolas a la individualidad divina. Clarifico la vida y le atribuyo consistencia para la realización de cada ser. Estoy en cada experiencia humana, desde el acto más vil hasta las manifestaciones sublimes de glorificación a Dios.

 

Estoy en el veneno más fuerte y en el remedio más amargo. Cargo conmigo el elixir de la vida y la posibilidad de comprenderla. No me tema ni se aparte de mí. Vengo, en realidad, a traerle un mensaje. Deje que yo susurre en su ser el mensaje renovador de Dios.

 

Represento lo que hay de más sublime y superior en la Creación. Vengo de Dios y ocupo todo el Cosmos. Soy buscado y sentido por todas las criaturas, quieran o no. Es imposible no sentirme o negarme. Estoy en el sí y en el no. En el nacimiento y en la muerte.

 

Principalmente, participo de todos los colores, matices y tonalidades posibles. Estoy en las obras de arte y en la creatividad de cada artista. Ocupo la Totalidad de belleza y de paz. Soy la música de la Vida. Estoy en la danza de los amantes y en las fuerzas vivas de la Naturaleza. Estoy en el rico y en el mendigo, en la miseria y en la abundancia. En la enfermedad y en la salud. Cada átomo me busca como la flecha al blanco. Soy emanación de Dios en dirección de lo humano.

 

Permítase sentirme con toda su alma y con todo su corazón, pues soy su posibilidad de ser feliz. Vívame con ganas y con entrega, pues no represento ninguna amenaza a su felicidad. Aquellos que me sienten en profundidad experimentan el sentido real del vivir y el gusto puro de la esencia divina.

 

Aunque esté en ellas, no me confunda con la pasión o con el goce de los amantes.

 

Mi sentido abarca mucho más. Estoy en la vida de un niño y en la experiencia de un adulto. Soy maduro y fuerte. Ni vientos, ni tempestades, estremecen mi energía de esperanza.

 

Venga sin miedo y entréguese a mis brazos de cariño y protección. Guíese seguro en mi ser. Sea uno conmigo y será inmensamente feliz. Soy el amor, que necesita pasar por la conciencia humana para que se transforme en manifestación de Dios, en ella misma. Soy el amor, en todas las formas posibles de existir.

 

 

 Adenáuer Novaes en "Felicidad sin culpa"

 

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