Aún el Amor

 

 

En los días que vivimos mucho se escucha hablar acerca del amor. Los jóvenes suspiran por su llegada idealizando colores suaves y tonos delicados.

 

Algunos lo confunden con las pasiones violentas y degradantes, y por eso mismo afirman que el amor se termina.

 

Sin embargo, el amor fue definido por los Espíritus del Bien como el más sublime de los sentimientos. Se reviste de tranquilidad y otorga paz a quien lo vive.

 

No es producto de momentos, mas una construcción laboriosa y paciente de los días que se multiplican en el transcurrir del tiempo.

 

Nos cuenta el famoso escritor inglés Charles Dickens, que una pareja de recién casados  vivía modestamente. Compartían las dificultades y sustentaban un afecto puro y profundo que se dedicaban mutuamente.

 

No poseían sino lo indispensable, mas cada uno era portador de una herencia particular.

 

El joven recibiera como legado de familia un reloj de bolsillo, que guardaba con celo. Realmente no lo utilizaba por falta de una cadena apropiada.

 

La esposa recibiera de la propia naturaleza una herencia maravillosa: una abundante cabellera. Con lindos cabellos largos, suaves, que encantaban.

 

Los llevaba siempre sueltos, aunque su deseo era adquirir una gran y linda peineta que viera en un escaparate, para sujetarlos en el alto de la cabeza, dejando que los mechones caprichosos bailasen hasta los hombros.

 

Transcurría el tiempo y ambos acariciaban su deseo sin osar exponerlo al otro, una vez que el dinero que entraba era todo dirigido para sus necesidades básicas.

 

Cierta noche de Navidad, estando frente a frente cada uno entregó al otro, casi al mismo tiempo, un delicado paquete.

 

Ella insistió y él abrió el suyo primero. Una sonrisa rara bailó en los labios del joven. La esposa le regalara una cadena para su reloj.

 

Sujetando la preciosidad entre los dedos, fue su vez de pedir a ella que abriera el paquete que le diera.

 

Luego la esposa, trémula y emocionada, tenía en sus manos una gran peineta para sujetar sus cabellos, mientras significativas lágrimas vertían por sus mejillas.

 

Se miraron y profundamente emocionados descubrieron que él vendiera su reloj para comprar la peineta y ella vendiera sus cabellos para comprar la cadena del reloj.

 

Sorprendidos, se dieron cuenta de lo tanto que se amaban.

 

*   *   *

 

El amor no es solamente un medio, es el fin esencial de la vida.

 

Toda expresión de afecto propicia la renovación del entusiasmo, de la calidad de vida, de metas felices con relación al futuro.

 

El amor tiene la capacidad de estimular el organismo y ofrecer reacciones inmunológicas que proporcionan resistencia a las células para combatir las enfermedades invasoras.

 

El amor levanta las energías debilitadas y es esencial para la preservación de la vida.

 

Es por eso que nadie consigue vivir sin amor, en su mayor o menor expresión.

 

 

Redacción del Momento Espírita con base en el cuento de Charles Dickens y en el capítulo 13 del libro Momentos Enriquecedores, por el Espíritu Joanna de Ângelis, psicografia de Divaldo Pereira Franco, ed. Leal, Brasil.

 

En 13.11.2009.

 

 

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