El Evangelio según el Espiritismo

La Beneficencia

Sed buenos y caritativos, esta es la llave de los cielos que tenéis en vuestras manos; toda la felicidad eterna está encerrada en esta máxima: Amaos unos a otros. El alma no puede elevarse en las regiones espirituales sino por la consagración al prójimo; sólo encuentra felicidad y consuelo en los impulsos de la caridad; sed buenos, sostened a vuestros hermanos, dejad a un lado la horrible plaga del egoísmo; cumplido este deber, se os abrirá el camino de la felicidad eterna. Por lo demás, ¿quién de entre vosotros no ha sentido latir su corazón, dilatarse su alegría interior al oír contar un bello sacrificio o una obra verdaderamente caritativa? Si sólo buscaseis el deleite que proporciona una buena acción, permaneceríais siempre en el camino del progreso espiritual. Los ejemplos no os faltan; lo que falta es la buena voluntad, que es rara. Ved la multitud de hombres de bien cuya piadosa memoria os recuerda la Historia.

¿No os dijo Cristo todo lo que concierne a estas virtudes de caridad y amor? ¿Por qué dejar de lado esas divinas enseñanzas? ¿Por qué se cierran los oídos a esas divinas palabras y el corazón a todas sus dulces máximas? Yo quisiera que se fijase más la atención y hubiese más fe en las lecturas evangélicas, pues se abandona este libro y se ha hecho de él una palabra vacía, una carta cerrada; se echa al olvido ese código admirable y vuestros males provienen del abandono voluntario que hacéis de ese resumen de las leyes divinas. Leed, pues, esas páginas ardientes de la devoción de Jesús, y meditadlas.

Hombres fuertes, ceñíos; hombres débiles, haced armas de vuestra dulzura, de vuestra fe y tened más persuasión, más constancia en la propagación de vuestra nueva doctrina; (…).

La caridad es la virtud fundamental que debe sostener todo el edificio de las virtudes terrestres; sin ellas, las otras no existen. Sin la caridad no hay esperanza en un futuro mejor, ni interés moral que nos guíe; sin caridad no hay fe, porque la fe sólo es un rayo puro que hace brillar a un alma caritativa.

(…) Hombres de bien, de buena y fuerte voluntad, uníos para continuar la gran obra de propagación de la caridad; vosotros hallaréis la recompensa de esa virtud en su mismo ejercicio; no hay alegría espiritual que ella no dé desde la vida presente. Sed unidos; amaos unos a los otros según los preceptos de Cristo. Así sea. (SAN VICENTE DE PAÚL, París, 1858).

 

 

Fuente:

 

KARDEC, Allan. El Evangelio según el Espiritismo. Capítulo XIII, ítem 12.

 

 

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