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Visión Espírita sobre el Horóscopo

Por: Marina Silva - marippena@hotmail.com

 

 

En el libro “Cruzando la Calle”[1], Richard Simonetti relata una graciosa anécdota:

Alcibíades Dulcidio leía el periódico mientras esperaba el café preparado por la esposa. Se detuvo a leer el horóscopo, observando su signo: “Las influencias astrales son negativas. Habrá tendencia para la irritación. Cuidado con la dirección de su automóvil. Controle las comidas, evitando problemas digestivos”.

El hombre creyó que tendría un día malo. Su esposa argumentó que las previsiones no pasaban de una tontería, pero él estaba convencido de que su día sería terrible. Se fue a trabajar irritado y sin despedirse de su mujer. Tomó el coche, enojado por las palabras de ella, y lo raspó contra la pared. Aún más irritado con la señora por creerla culpable de lo ocurrido se fue a la oficina. Trabajó con dificultad, sin conseguir superar la incómoda intranquilidad. No almorzó bien, acometido por una terrible acidez. Fue un día pésimo y aun discutió con un empleado.

A la mañana siguiente, él vuelve a leer su horóscopo. “Día favorable. Tendrá alegrías en el hogar. Irá todo muy bien en el servicio profesional. Salud perfecta en ese periodo”. Dulcidio se animó, charló con su mujer, se despidió con un beso cariñoso y se fue a trabajar. El viaje fue tranquilo, almorzó bien y sin problemas digestivos, se disculpó con su empleado, tuvo un excelente día de trabajo.

Volviendo a casa, decidió pasar por la redacción del periódico para felicitar el astrólogo responsable por la publicación de las previsiones del horóscopo. Encontró un muchacho que escribía el horóscopo del día siguiente. Le preguntó si él era aprendiz de Astrología y se sorprendió con la respuesta:

– No entiendo nada del asunto. Pero no es difícil. Hay centenas de predicciones escritas ya. Es sólo copiarlas (…) Las tomo y las pongo al acaso…

Dulcidio dejó la redacción aturdido.

No son pocas las personas que creen en los signos del zodíaco, en el perfil psicológico descripto por ellos y en las predicciones para el futuro y nuestra intención no es la de criticar a quienes lo creen sino ponderar sobre su lógica, bajo el análisis de la Doctrina Espírita y del tamiz de la razón.

En la pregunta 851 de “El Libro de los Espíritus”, Kardec pregunta si “existe fatalidad en los acontecimientos, si ellos ya están predeterminados y los Espíritus le responden que respecto a las pruebas físicas, la elección del Espíritu en sufrir determinada prueba constituye una especie de destino para él, pero “en cuanto a las pruebas morales” el espíritu conserva su libre albedrío para elegir como actuar.

Aún hablando sobre el tema “fatalidad”, en respuesta a la pregunta 859, los Espíritus dicen que la única fatalidad de la cual el hombre no escapa es su hora de nacer y “morir” y explican que no debemos creer que todo lo que nos suceda estaba escrito, sino que representa la consecuencia de nuestros actos.

Más adelante, en la pregunta 867 Kardec pregunta qué se puede entender del dicho “Nacer con buena estrella” y los Espíritus contestan que se trata de una antigua superstición que relacionaba las estrellas al destino de cada persona.

En el ítem 19 del capítulo I de “La Génesis”, Kardec esclarece que “la Astrología basaba sus estudios en la posición y movimientos de los astros (…) Pero consideraba a los astros seres misteriosos y les otorgaba, supersticiones, influencia moral y sentido revelador. Cuando Galileo, Newton y Kepler dieron a conocer sus leyes y el telescopio (…) los planetas aparecieron como mundos simples similares al nuestro”, sin poderes especiales.

En el ítem 12 del capítulo V del libro citado, el codificador esclarece que “los grupos que reciben el nombre de constelaciones son conjuntos” que “no existen en la realidad”, por ende su influencia nada más es que una superstición.

Jorge Hessen, en su artículo “Por encima de todas las verdades astrológicas tenemos el Evangelio” explica la improbabilidad de los postulados astrológicos:

“Conforme el mes de nacimiento de un individuo, se dice que el nacerá bajo tal o cual signo; de ahí los pronósticos de la Astrología. Sin embargo, en virtud de la precisión de los equinoccios[2], los meses ya no corresponden a las mismas constelaciones. Un individuo que nazca en el mes de julio ya no está en el signo de Leo” sino de Cáncer. “¡Cae, por tierra, así, la idea supersticiosa de la influencia de los signos!”

El astrofísico portugués Luís de Almeida Porto, en su artículo “Las previsiones astrológicas para el año 2003 y siguientes…” comenta que quien cree que haya nacido bajo el signo de Tauro se equivoca porque en mayo el sol estará en la dirección de la constelación Aries y no de Tauro. Las personas nacidas entre el 21 me marzo y el 20 de abril son catalogadas por la Astrología bajo el signo de Aries, sin embargo, el Sol estará en la altura de la Constelación de Piscis. Y lo mismo ocurre en los demás signos del zodíaco.

Por los argumentos presentados, podemos notar que la división de los signos del zodíaco vinculados a los perfiles psicológicos humanos y al destino es una arbitrariedad. Además atenta contra la Justicia de Dios.

¿Cómo explicar razonablemente que todos los seres humanos, con todas las diferencias que nos caracterizan, estaríamos clasificados en 12 categorías psicológicas?

Sin embargo, es lo que escuchamos muchas veces entre las personas que creen en la veracidad del horóscopo. Te preguntan la fecha de tu nacimiento y ya te fijan un rótulo en la frente con una lista de tus virtudes y defectos, te dicen con que personas te conviene relacionar por la combinación de los signos. Masifican las personas, juzgando sus actos como si cada uno no fuera una individualidad, sino una marioneta, cuya personalidad es forjada por la supuesta conjunción astrológica ocurrida en su fecha nacimiento.

Es necesario reflexionar, tener sentido común para saber que somos el resultado de nuestras acciones en las sucesivas existencias y no es un signo que nos va a dotar de tal o cual característica, pues nuestras virtudes son el resultado de nuestro esfuerzo y conquistas, y nuestros defectos serán vencidos por un trabajo constante e intransferible. Nada de eso depende de la influencia de un signo ficticio y supersticioso.

“Admitir que un individuo pueda ser manso o troglodita”[3], tener o no vocación para el arte, ser más o menos sensible, más o menos espiritualizado o más o menos alegre por la influencia astrológica es tan lógico cuanto creer que “Dios tendría sus elegidos para la salvación.”

Cuando estudiamos los libros de André Luiz y otros autores acreditados que nos cuentan la vida en el Mundo Espiritual incluyendo el trabajo relacionado a la programación reencarnatoria, jamás se vio abordada la elección de su signo en el planeamiento de un Espíritu. Asimismo sería bastante contraproducente e injusto que Espíritus que permanecieran años en el Plano Espiritual esperando la oportunidad de reunirse con aquellos con quienes tienen reparaciones pendientes en una reencarnación en conjunto, dejaran la oportunidad escapar porque el sol no estaba en la constelación favorable o reencarnara bajo la regencia de un signo cuyas características predominantes fueran totalmente diferentes de las suyas.

 

No hay coherencia doctrinaria en esta creencia ¨

 



[1] E-book “Cruzando la Calle”, de Richard Simonetti, capítulo 9, página 23, disponible en página Web de la Federación Espírita Española: http://www.espiritismo.cc/

 

[2] Equinoccio es la época del año en que, por hallarse el Sol sobre el ecuador, los días son iguales a las noches en toda la Tierra; tiene lugar cada año del 20 al 21 de marzo y del 22 al 23 de septiembre.

[3] Richard Simonetti, respondiendo a preguntas sobre Astrología.