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La UFC y el Espiritismo

Por Wellington Balbo – Bauru - SP

 

Otro día miraba “Globo Esporte” cuando escuché la voz de Galvão Bueno gritando: uno, dos, tres… se acabó, se acabó, ¡es Brasil! ¡Brasil es el campeón mundial!

Pensé: ¿qué pasó? El fútbol no es. Básquet y voleibol tampoco. Curioso, miré la pantalla y para mi sorpresa vi que el desespero de Galvão era por la victoria brasileña en un tal MMA o UFC, nueva fiebre deportiva en que dos individuos intercambian piñas, patadas y cabezazos.

Sale sangre por toda parte y vence el que derrumba a su oponente.

Los gritos de Galvão me llevaron a reflexionar:

¿Cómo podemos apreciar un deporte tan brutal y violento tal como el UFC?

Aunque pasaron milenios ¿todavía nos complacen las arenas romanas ahora llamadas de octógonos?

¿Por qué hay un placer mórbido en mirar a alguien estirado en el piso gimiendo con dolores?

¿Qué emoción hay en algo así?

Algunos dirán que es sólo un deporte, pero lo veo como una versión distinta a lo que antiguamente se llamaba duelo.

Allan Kardec abordó el tema de los duelos con los sabios de la espiritualidad en el capítulo “Ley de Destrucción” y Ellos le informaron que los duelos son crímenes a los ojos de Dios.

La gran realidad es que nuestra existencia en la Tierra no puede ser encarada como una broma. Si el cuerpo físico es la máquina de manifestación del espíritu en la esfera corporal, lo justo es que le dediquemos los cuidados necesarios.

Obviamente que si nos disponemos a recibir golpes, patadas y puntapiés en todas partes no estaremos cuidando de ese patrimonio que Dios nos concedió para nuestras experiencias educativas en la esfera terrestre.

Nada, siquiera la excusa del deporte y del dinero que genera tales luchas, justifica agresiones al cuerpo físico, ese santuario sagrado del espíritu en peregrinaje terreno.

Regocijarse con esas luchas sangrientas, verdaderos duelos del siglo XXI, es alimentarse de lo que hay de más brutal en el mundo.

Reflexionemos sinceramente sobre la utilidad de dar rating a programas y “deportes” con esas características.

No se justifica que cristianos aún nos demoremos apreciando patadas, puñetazos y puntapiés y presenciemos en vivo y en colores a dos criaturas matándose como bestias.

Somos seres humanos, dotados de la capacidad de razonar. Analicemos, pues, si existe algo que justifique el prestarle atención a este célebre “deporte” y admirar a personas que se ganan la vida sacándoles sangre a los demás.

Sin ningún ánimo de moralismo hipócrita, invito al lector a que reflexione sobre las palabras de Galvão: es campeón, es campeón… ¿Pero campeón de qué, si hay alguien casi muerto estirado en el piso?

 

Artículo publicado en portugués en el diario “O Clarim” de Matão – SP

Disponible en el blog del autor: http://wellingtonbalbo.blogspot.com/

 

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