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Educar a los propios hijos es un desafío para los padres

 

  

Traducido por: Merchita

 

Una brasileña fue condenada a nueve meses de prisión, en España, por expulsar de casa, por un día, a su hijo de 15 años. La sentencia recibió destaque en los principales periódicos y televisión española. Nuestra coterránea alego que actuó así, porque pretendía dar una lección más "dura" al hijo, que es problemático, desobediente y muy agresivo. Su intención era enseñarle reglas sociales y respeto a la madre.

 

Para el juez, del Tribunal Penal de Málaga, la actitud de la brasileña representa una negligencia y un delito de abandono temporal, motivo por el cual la condenó, explicando que, mientras el menor se encuentre en plena adolescencia, con los conflictos comunes de la edad, eso no es razón para echarlo fuera de casa, dejándolo a la intemperie en la calle, por una noche, porque esa decisión crea una situación de riesgo para el menor.

 

Ante el hecho narrado por la prensa, y para nosotros no precipitarnos en un análisis frío de la conducta ajena, importa, antes de todo, resaltar la necesidad de revisar los procesos educativos que adoptamos para con nuestros hijos, y es preciso corregir sin violencia, mientras hay tiempo. Como adeptos al Espiritismo, debemos suministrar la educación "espírita" a nuestros hijos y no podemos dejar de hacerlo bajo cualquier pretexto. Los Espíritus nos explican que la fase infantil, en su primera etapa, hasta los siete años, aproximadamente, es más accesible a las impresiones que recibe de los padres, razón por la cual no podemos olvidar nuestros deberes de orientarlo mediante los contenidos morales.

 

Toda y cualquier violencia doméstica es trágica bajo cualquier análisis. Las relaciones entre hijos y padres deberían ser, por encima de todo, de orden ético. Mas, se observa en esa relación un deterioro emocional profundo y una compleja red de desestabilización moral, que merece comentarios. En el clan familiar de tiempos más antiguos, sin duda, se encontraba un espacio de convivencia mayor entre sus miembros de la familia, sin embargo no se está discutiendo su "calidad". En la actual agrupación familiar, por el contrario, y a pesar de las menores dificultades materiales, se encuentra un espacio menor de convivencia. La tecnología volátil, descartable, es responsable, casi directamente, por esa coyuntura, pues, muchos padres e hijos ocupan espacios importantes para jugar videojuegos, ver la televisión, oír música con el audífono en el oído, navegar en Internet, y así en adelante. Cara a eso, somos instados a afirmar que el instituto familiar necesita de gran choque de modelo y, sobretodo, de mucho apoyo religioso para alcanzar su equilibrio moral,

 

Muchos grupos familiares viven, sobreviven y reviven agresividad múltiple, influenciadas por la violencia que insistentemente es vinculada por los noticiarios, documentales, filmes, telenovelas vacías de contenido moral y programas de auditorio, cada vez más oscuro de valores éticos. Algunos familiares asimilan, subliminarmente, esas cargas cotidianas de informaciones y en el día a día reaccionan violentamente ante los reveses de la vida o ante las contrariedades en curso.

 

Por la orientación espírita, sabemos que si no aceptamos a nuestros hijos, hoy, como son, tendremos que aceptarlos mañana, pues las leyes de la vida exigen, según nos enseñó Jesús, que nos entendamos con nuestros hermanos, de penosa convivencia, mientras estemos en el camino con ellos. La fuga a los deberes actuales será cobrada más tarde con los intereses merecidos. Los hijos rebeldes son hijos de nuestras propias obras en vidas anteriores, que la Bondad de Dios, ahora, encuentra la posibilidad de unirnos por los lazos de la consanguinidad, dándonos la estupenda oportunidad de rescate, reparación y los servicios arduos de la educación.

 

Un posicionamiento riguroso observado en los padres es nunca partir optando por actitudes extremas, como, por ejemplo: violencia verbal, violencia física o, aun, movida por extremada impaciencia como hizo la brasileña con el hijo en España, expulsando al hijo de casa. Cualquier acto precipitado de los padres podrá revertir contra ellos mismos en el futuro y lanzarlos al dolor del arrepentimiento tardío. Conviene que no se olviden, principalmente, de que la oración fervorosa es la más poderosa herramienta de la que disponemos como solución contra cualquier sugestión del mal.

 

Los padres deben ser el exponente divino de toda comprensión espiritual y de todos los sacrificios por la paz de la familia. La misión de los padres, principalmente de la madre, según Emmanuel se resume en dar siempre el amor de Dios, que puso en el corazón de las madres a la sagrada esencia de la vida. "En los hogares del mundo, existen aquellas [madres] que se dejan llevar por el egoísmo del ambiente particularista; con todo, es preciso despertar a tiempo, de forma a no viciar la fuente de ternura. La madre terrestre debe comprender, antes de todo, que sus hijos, primeramente, son hijos de Dios."(1)

 

Los hijos, cuando niños, registran en su psiquismo todas las actitudes de los padres, tanto las buenas como las malas, manifestadas en la intimidad del hogar. Por esa razón, los padres deben estar siempre atentos e, incansablemente, buscar un dialogo franco con los hijos, sobretodo, amándolos, independientemente, de cómo se sitúen en la escala evolutiva. Debemos transmitir seguridad a los hijos a través del afecto y del cariño constante. Al final, todo ser humano necesita ser amado, querido, aun mismo teniendo conciencia de sus defectos, dificultades y de sus reales diferencias.

 

El Espiritismo no propone soluciones especificas, reprimiendo reglamentando cada actitud, ni dicta formulas mágicas de buen comportamiento a los jóvenes. Prefiere acatar, en toda su amplitud los dispositivos de la ley divina, que aseguran a todos el derecho de elegir (el libre albedrío) y la responsabilidad consecuente de sus actos. Por todas esas razones, precisamos aprender a servir y a perdonar; socorrer y ayudar a los hijos entre las paredes del hogar, sustentando el equilibrio de los corazones que se nos asocian a la existencia y, se nos entrega realmente en el combate a la deserción del bien, reconoceremos los prodigios que se obtienen de los pequeños sacrificios en casa con las bases de la terapéutica del amor.

 

Sin embargo, urge resaltar que, cuando los hijos son rebeldes e incorregibles, impermeables a todos los procesos educativos, "los padres, después de utilizar todos los procesos de amor y de energía en el trabajo de orientación educativa de los hijos, sin discontinuidad de la dedicación y del sacrificio, que esperen la manifestación de la Providencia Divina para el esclarecimiento de los hijos incorregibles, comprendiendo que esa manifestación debe llegar a través de dolores y de acerbas pruebas, de modo a sembrarles con éxito, el campo de la comprensión y del sentimiento." (2)

 

 

Jorge Hessen

 

FUENTES:

(1)XAVIER, Francisco Cândido. O Consolador. Pelo Espírito Emmanuel. 17. ed. Rio de Janeiro: FEB, 1995

(2)idem

 

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