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Computación Cerebral

Joanna de Ângelis

                                                                                                                

  

El cerebro humano puede ser comparado a una computadora especial de elevados recursos e intricados mecanismos, que escapa a la más sofisticada tecnología, para penetrarlo integralmente.

Registrando la mente y transformándola en pensamientos deductivos por la razón y la lógica que parten de un caso específico hacia la elaboración de una teoría e inductivos, cuando crecen de una teoría para un caso específico, las ideas quedan digitadas en los sensores del subconsciente antes de fijarse en los substratos del inconsciente profundo.

En razón de eso, el hábito de pensar le desarrolla las posibilidades del entendimiento especialmente por la consecuencia de las ideas elaboradas.

Todos los contenidos psíquicos que no pueden ser retenidos y catalogados por la consciencia lúcida componen el subconsciente. Innúmeros de ellos permanecen en la condición de resentimientos que, no obstante, se liberan en condiciones especiales.

Una parte del subconsciente es responsable por la memoria, por la vida psíquica y sentimental, que elabora los patrones del comportamiento social y moral, naturalmente aflora en los estados oníricos cuya acción es preponderante y en los trastornos neuróticos que resultan de sus fijaciones perturbadoras.

De acuerdo con las preferencias mentales, los cimientos del subconsciente son compuestos de los más frecuentes patrones de pensamientos, que establecen la conducta del individuo, por ser ésa de relevante importancia en su relacionamiento interpersonal, como en su vivencia existencial.

Enfermedades fisiológicas, resultantes de la somatización de los trastornos psicológicos, así como el bienestar, alegría de vivir o pesimismo, angustia, se encuentran innatas en los paneles del subconsciente, de donde emergen, entonces, para que predominen en la experiencia humana como salud o dolencia, felicidad o amargura.

Con excepción de los gravámenes cádmicos, las problemáticas de la vida humana invariablemente son cultivadas y archivadas a lo largo de la reencarnación, pasando a manifestarse de acuerdo con la elevación de los tipos de ideas seleccionadas.

Igualmente, en el área de las patologías degenerativas, resultante de gérmenes, microbios varios y virus destructivos, encontramos los factores predisponentes para su proliferación en los deseos subconscientes de que no se liberó realmente el enfermo, pese a que en el campo de la consciencia exteriorice el deseo de adquirir salud y armonía.

Es normal que se anhelen el éxito, la fortuna, el triunfo en los emprendimientos, el progreso cultural y artístico, el interés de trabajar y fracasar en las tentativas.

Ante eso, se descorazona y se afirma ser portador de una voluntad débil o se es víctima del infortunio, del destino ingrato, para entregarse al aparente malogro.

En verdad, el empeño personal comienza en el plano del deseo mental, prosiguiendo en los intentos que genera el hábito de realizarlo, tornándose parte integrante de la propia naturaleza por fijación automática.

El infortunio es el resultado de las acciones negativas o de los comportamientos enfermizos que predominan en los archivos del subconsciente que, a su vez, conspira con firmeza contra las aspiraciones nuevas no habituales, logrando vencerlas.

Cada uno elabora el propio programa de triunfo o del fracaso, mediante actitudes que se transforman en bases de seguridad de la existencia, irradiando sus contenidos psíquicos conforme a las cualidades vibratorias de que están constituidos.

Por tanto, no basta anhelar ésta o aquella conquista. Es imprescindible insistir y perseverar, de forma que la potencia de la idea inusitada predomine sobre las que se encuentran archivadas comandando los acontecimientos.

Considérese una emisión sonora persistente en decibeles débiles, empero, audibles. Si al mismo tiempo fuesen emitidas otras ondas más altas y voluminosas, ellas se sobrepondrán a las anteriores, anulándolas y en consecuencia, destacándose en la acústica de los oyentes.

El proceso de adquisición de los valores elevados es de largo curso, bien elaborado, frecuente y bien dirigido, a fin de alcanzar el éxito pretendido.

Siendo así, quien desee paz y anhele por la salud, por el equilibrio, por el triunfo, no cese de auto-inducirse, cultivando los pensamientos que vitalizan las aspiraciones hasta anular a aquellos que se encuentran en los archivos del subconsciente, que pasará a exteriorizarse con los contenidos correspondientes de la actualidad, de las nuevas fijaciones psíquicas y emocionales.

Para que se logre el triunfo del emprendimiento, el auxilio divino se hace presente en el propio aspirante a la felicidad, que lo debe desarrollar. Ese apoyo no prescinde del esfuerzo de cada pretendiente a la auto-realización.

Se narra que un religioso al ver un área muy verde y productiva de granos, recamada de flores y prosperidad, entusiasmado, le dijo al agricultor: - ¡Qué bella gleba Dios le ofreció!

Mirando en derredor, el hombre, con las manos encallecidas, quemado por el Sol, le respondió con naturalidad: - Usted necesitaba ver cómo era antes, cuando Él la cuidaba solo.

La criatura humana posee los potenciales íntimos para la plenitud, que aguardan ser desvelados, cual gema preciosa que se oculta en el guijarro grosero.

El cerebro, en su función de instrumento, reacciona de acuerdo con los impositivos de la mente que por él se exterioriza.

El self prepondera en el conjunto, cuando es lúcido y despierto, fijando en las telas del subconsciente, viciado por las reencarnaciones infelices, las aspiraciones superiores de que es portador, en la marcha del progreso hacia la total realización.

El Espíritu, por tanto, es el agente que siembra y recoge conforme a la calidad del material que utiliza.

La ascensión es una experiencia que comienza en el deseo de elevarse y conquista a conquista, sedimenta los impulsos inteligentes, sabio, consiguiendo llegar al nivel anhelado de la plenitud, al alcance de todo aquel que lo intente consciente o subconscientemente.

 

Autodescubrimiento (Una Búsqueda Interior). Divaldo Franco. Dictado por Joanna de Ângelis. Ed. Juana de Angelis. Pág. 87-90.

 

 

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